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Fake (f)or Real: historia de la falsificación

«Fake (f)or Real» presenta ejemplos de falseamiento de la información a lo largo de la historia.

La exposición está dividida en seis secciones temáticas: el papel predominante de la religión, el desarrollo del conocimiento y la ciencia moderna, la construcción de la nación, la lucha contra la guerra total, la era del consumismo y el desarrollo de los medios de comunicación de masas y las redes sociales. Ello demuestra que las personas que generan información falsa son expertas que tienen el pulso de su tiempo y responden con precisión a las necesidades y expectativas de su época.

La exposición comienza con un retrato familiar de la antigüedad en el que un miembro de la familia ha sido borrado junto a una foto de boda desgarrada de los años 50 en Rumanía. ¿Por qué esos dos objetos se encuentran uno al lado del otro?

El miembro de la familia borrado es probablemente Geta, que fue un emperador romano (209-211) del que se sabe que recibió una sanción oficial para ser condenado al olvido (damnatio memoriæ). Este término describe el intento de borrar a las personas de la historia, casi siempre mediante la destrucción de imágenes públicas y el borrado de nombres de las inscripciones. Geta era el hermano y coemperador de Caracalla, asesinado tras ser acusado de conspirar contra su hermano. Tras su muerte, sus imágenes e inscripciones fueron destruidas y pronunciar o escribir su nombre se convirtió en un delito. Sin embargo, historiadores como Casio Dio, Herodiano y Filóstrato dieron cuenta del asesinato de Geta, y la investigación histórica posterior ha descubierto hasta dónde llegó Caracalla para distorsionar el registro histórico.

En un contexto más contemporáneo, los regímenes totalitarios intentaron borrar la memoria de ciertas personas. La exposición presenta la fotografía de boda desgarrada de Ioan Pop, que muestra que la violencia física contra personas que se oponen de manera real o potencial al sistema iba seguida de la destrucción de los recuerdos. Ioan Pop, miembro de la resistencia anticomunista rumana, fue borrado de esta fotografía personal a principios de los años 50 por un agente de la policía secreta rumana. Las familias de los miembros de la resistencia fueron perseguidas y se les prohibió hablar de sus seres queridos perdidos durante todo el periodo comunista en Rumanía. Este intento de borrar la memoria no tuvo éxito y las viejas historias se volvieron a contar después de 1989 y la caída del régimen comunista.

Se plantea así la pregunta: ¿es posible forzar un proceso de olvido en la conciencia colectiva a través de una falsificación del registro histórico y la destrucción de piezas de evidencia histórica? El caso dejó claro que la damnatio memoriæ sólo podía reprimir la representación, pero no la memoria en sí, sobre todo porque es casi imposible imponer el olvido sin el efecto adverso de traer a la memoria exactamente lo que se quería olvidar.

La última sección de la exposición, «¿La era de la posverdad?»permite a sus visitantes descubrir la mecánica de la desinformación en los medios de comunicación, en internet y en las redes sociales de forma interactiva. El hecho de que nunca haya habido tanta facilidad de acceso a la información y a las opiniones, y que su distribución nunca haya sido tan rápida, está conduciendo al crecimiento de una cultura de la posverdad, es decir, una cultura política en la que el debate está impulsado por las emociones y está desconectado de la verdad, y en la que las declaraciones pegadizas se convierten en virales mientras que los hechos y las aclaraciones se ignoran.

Los medios sociales parecen acercar a las personas entre sí, pero también les permiten vivir en una burbuja de filtros, lo que significa filtrar la información que no se corresponde con las opiniones que ya tienen. Esto agrava la polarización entre las personas que tienen opiniones diferentes. Además, vivimos con la ilusión de recibir cada vez más pruebas que apoyen nuestro punto de vista. El resultado es que la comprensión del otro se hace difícil y el apoyo de personas afines hace que sea poco probable que cambiemos de opinión. Puede que las burbujas no produzcan falsificaciones en sí, pero las incuban y ayudan a su difusión: las historias fabricadas aprovechan los prejuicios políticos existentes de los distintos grupos de personas usuarias de las redes sociales.

Si tenemos curiosidad por descubrir las verdades e historias no contadas que hay detrás de la exposición, podemos escuchar la serie de podcasts de «Fake (f)or Real».

Laurence Bragard, educadora del museo